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viernes, 21 de noviembre de 2014

¿Soy bueno?

Hoy trataremos de responder a una de las preguntas mas frecuentes (lógicamente) entre los “practicantes” de artes escénicas. Y lo haremos orientándolo hacia el “¿podría vivir de esto?”, ya que el mercado es el juez más universal.
De esta manera, considero que hay que tener en cuenta varios factores muy diversos para poder responder, lo que genera las siguientes preguntas.

¿Soy bueno técnicamente?
Todas las artes escénicas requieren un nivel de técnica, incluso la realización de monólogos humorísticos, aunque es cierto que en algunas (baile, magia o malabares), este nivel es mayor. Si somos buenos o no técnicamente es una de las cosas más fáciles de averiguar, ya que suele ser en la que todo el mundo se centra a la hora de pensar si es bueno en la actividad. De esta manera, tu profesor o compañeros de la actividad ya te habrán comentado alguna vez tu nivel técnico (seguramente no de manera directa, pero sí con comentarios como “eso te ha quedado muy limpio” o, “esa parte tendrías que redondearla”).

¿Soy bueno creativamente?
Como ya dije anteriormente, considero que la creatividad es uno de los factores fundamentales para dedicarse a las artes escénicas, especialmente si lo haces individualmente (no tanto si perteneces a una compañía de teatro o danza dónde corre a cuenta de los directores). Me estoy refiriendo a ser capaz de hacer un número interesante, que no sólo sea muy bueno técnicamente sino que esté bien organizado, con momentos imprevisibles, un buen final… Lo ideal es fusionarlo con lo anterior, por ejemplo, los números con sombrero de malabares que incluyen un sombrerero me resultan muy creativos y, al practicarlos, pules la técnica con esos nuevos objetos. Algo que hay que tener en cuenta es que, si haces un número único con tus propias técnicas, nadie podrá ser mejor que tú técnicamente.

¿Soy bueno en el escenario?
Con esto me refiero a ¿me siento cómodo en él? ¿Soy capaz de hacer del escenario mi ambiente y que todos se den cuenta o, al contrario, parezco perdido y asustado?. Partiendo de la base de que siempre hay que tratar de tener la máxima comodidad en el escenario, tu estilo cambiará dependiendo de la respuesta. Si no te sientes cómodo, te recomiendo números musicales o con un guión muy ensayado, en los que te puedes “refugiar dentro de tu idea”. Si, por el contrario, estás en el escenario como en tu casa, podrás hacer números más interactivos, con participación del público y ciertos toques de improvisación.
Pero, por favor, no intentes hacer el segundo tipo de espectáculo si no te encuentras cómodo. Cuando alguien así saca a un miembro del público para un juego o rutina, todo el escenario puede sentir su incomodidad, y algunas veces esta se traslada al propio espectador, o este se convierte en el que manda en la escena. Desde el punto de vista de un espectador con empatía, sufro viendo estos momentos.

¿Soy bueno vendiéndome?
Diariamente oímos que los músicos que triunfan en España no son buenos. Y lo mismo de los magos (Dynamo, el Mago Pop…). De los magos, que tengo más conocimiento, reconozco que no son buenos técnicamente. Pero la respuesto no es “sólo triunfan los malos, que vergüenza”, sino “¿cómo habrá logrado triunfar sin ser muy bueno?”. La respuesta es venderse a sí mismo. Hacerse una imagen de marca personal y conseguir contactos, básicamente. Tengo compañeros de magia que llevan 10 años aprendiendo, y otro que lleva apenas uno y ya tiene actuaciones en locales, simplemente porque hace buenos contactos. Como consejo final, en Personal Branding os recomiendo los libros de Risto Mejide (los tres últimos). Que, lo digo bajito, se pueden descargar gratis online.

Estos cuatro factores se tienen desde pequeño. Cualquiera que haya hecho un par de cosas distintas, verá que unas se le dan mejor que otras. Pero esto no niega que se puedan entrenar y perfeccionar. Así que la clave está en ver los puntos fuertes y débiles, aprovechar los primeros y mejorar los segundos.

Y mientras os ponéis a ellos, todo comentario es bienvenido ;)

viernes, 14 de noviembre de 2014

Contra el entrenamiento perpetuo


Sí señores, en esta primera entrada voy a luchar contra una de las ideas más extendidas en el mundo del espectáculo, defendida por los mayores maestros con frases como “La clave del éxito es entrenar hasta que te sangren los dedos, y después seguir entrenando”.
Antes de nada, querría recordar que mi opinión viene condicionada por mi orientación en las artes escénicas, y esta es hacia la figura del showman, un personaje con conocimiento de muchas de estas artes (dramatización, baile, malabares, ilusionismo…), pero que no ha de ser “el mejor” en ninguna de ellas.
Y desde ahí, sí, me opongo al entrenamiento constante durante el mayor número de horas al día, el mayor número de días al año. A aprovechar todo el tiempo libre que tengas para practicar una y otra vez los mismos trucos o técnicas.
Pero si bien soy tan temerario como para realizar una afirmación tan controvertida, no soy tan tonto como para hacerlo sin argumentos.

Comencemos desde un punto de vista creativo, ya que considero que gran parte del arte escénico consiste en crear tus propias representaciones, juegos o rutinas. El proceso creativo tiene un momento de incubación. Este consiste en dejar la idea latente en nuestro interior, pero sin pensar conscientemente en ella, en dejar que el subconsciente la trabaje mientras nosotros dedicamos nuestra atención a otros asuntos. Sin este proceso, es muy difícil que algo creativo salga a la luz. Si buscamos una nueva rutina de mazas y todos los días practicamos con ellas mañana y tarde, llegará un punto en el que nos bloqueemos y no seamos capaces de pensar algo diferente a lo que estamos haciendo.
Además, si utilizamos todo nuestro tiempo en practicar lo que ya tenemos, obviamos otro paso muy importante, el de recibir nuevos inputs, ideas, que pueden ayudarnos. Y esto no tiene que ser ni siquiera viendo algo de nuestra especialidad (ilusionismo, baile, etc). Da Vinci se inspiraba observando la naturaleza. Es cierto que lo mismo ver detalladamente un árbol no me ayuda a crear una obra de teatro, pero observar la vida cotidiana de la gente en la calle, o leer un libro seguramente sí. Recordemos las series con sucedáneos de Sherlock Holmes que tanto abundan en la televisión actualmente, la revelación llega cuando se deja de pensar en el problema.

Pero, si dejo de practicar, perderé la práctica (valga la redundancia).
Esto se piensa sobre todo en las artes que requieren una gran “habilidad manual” (entre las que yo más domino, la magia y los malabares).
Sí, pero no. Aunque es cierto que el practicar hace que te familiarices más con la técnica o el objeto, cuando las cosas están “bien aprendidas” no se olvidan. ¿A qué me refiero con esto? A mi argumento neurológico. Cuando aprendemos algo “manual”, como tocar el piano, o hacer malabares, consideramos que nuestras manos adquieren habilidad, pero esto no es del todo cierto. Lo que mejora no son nuestras manos, sino las conexiones cerebrales encargadas de estos movimientos. El viejo dicho de “montar en bici no se olvida”, es aplicable a esto. Esto no significa que las cosas se aprendan para siempre, pero si practicáis alguna de estas habilidades, tal vez recordéis cuando aprendisteis algo, la sensación de que el cerebro hacía “click”. Yo la recuerdo especialmente cuando aprendí malabares con cuatro pelotas, pero también es la sensación cuando tus padres te sueltan la bici sin ruedines y tú, que siempre te la habías pegado, empiezas a corretear con ella como si lo hubieras hecho toda tu vida.
Con esto quiero decir que alguna vez, tras no poder hacer malabares en seis meses (que tampoco recomiendo tomarse descansos tan largos) he recuperado las pelotas y en cinco minutos he sido capaz de realizar casi todos los trucos anteriores, si bien sin tanta claridad o elegancia.
Llegados a este punto, seguramente habréis reconocido ese momento, pero a la vez una parte de vosotros estará pensando “¿y este chaval que sabe de neurociencia?”. La respuesta es que me he apropiado de los estudios de otros, concretamente de los explicado en el libro “Los engaños de la mente”, dónde dos neurocientíficos (ellos sí serios y reputados) explican esto, entre otros muchos datos interesantes.

Explicado esto, sólo queda una cuestión más. La sensación de “estoy perdiendo el tiempo”, que muchas veces se tiene en este mundo. Esa que hace que parezca que si eres mago y no tienes todo el día una baraja en las manos, es que no eres un buen mago o que nunca estarás a la altura de aquellos que sí lo hacen. Imaginad la sensación que tengo yo cuando podría estar aprendiendo música, teatro, malabares, baile o magia y en lugar de eso estoy tirado en mi sofá. No estoy diciendo que sea bueno estar tirado en lugar de practicar, pero hay que saber que no siempre se puede estar practicando o aprendiendo algo. Que además de formarse para esta vida, hay que vivirla. Y para que veáis que esta sensación les pasa a los mejores, os dejo la entrevista a Luis Piedrahíta En el aire. Minuto tres para oir esto, pero el resto de minutos merecen igualmente la pena.



Como conclusión, decir que apoyo el entrenamiento continuado, durante el año, para mantener y mejorar el nivel, y el entrenamiento intensivo, para pulir y perfeccionar juegos o rutinas que vayamos a realizar en público próximamente, pero no el entrenamiento continuado e intensivo. Por supuesto, podéis contrargumentar o comentara a favor aquí abajo y estaré encantado de leeros y responderos (si el comentario da pie a ello). Un saludo y a practicar, pero no demasiado ;)